miércoles, 13 de marzo de 2013

UNA SEMANA EN LIMA



EN EL LUGAR OPORTUNO, EN EL MOMENTO OPORTUNO

Dicen que durante todo el año Lima esté envuelta en una espantosa neblina al estilo londinés. Tal vez sea así, pero la diosa del viaje decidió traernos acá justo durante las pocas semanas del año (entre diciembre y febrero) en que Lima logra sacudirse el gris y el smog. Eso, el hecho de estar en el barrio más fresa de la ciudad (*cheto, *pijo) y algunas mujeres ángeles que aquí nos cuidaron nos hizo disfrutar mucho de nuestra semana limeña. 


PUNTOS DE VISTA

Si hubiéramos llegado al extremo de la inmensa periferia de Lima, tan lejos del centro y de los ojos de los turistas que uno se olvida hasta de su existencia, probablemente ahora tendría una opinión totalmente diferente de esta ciudad. Pero no fue así. La diosa del viaje decidió que teníamos que llegar a la calle Colón, en el barrio Miraflores, a tres cuadras del malecón. Miraflores es un barrio exclusivo, en un promontorio que mira hacia el océano; o tal vez es el océano él que mira anonadado a todo estos rascacielos y se refleja en los vidrios de los departamentos de lujo, sus arquitectura modernas con una impresionante vista hacia el mar, jardines llenos de flores desde donde mirar la puesta del sol sobre el agua. Me jode admitirlo pero lo encontramos realmente bello. Nos llegó a gustar hasta Lancomar, un centro comercial con un vista oceánica de donde puedes observar la apuesta del sol comiendo comida chatarra.  Descaradamente burgués y ordinario...pero nos gustó!


LIBRE EMBAJADA DE ITALIA EN LIMA

En Miraflores fuimos huéspedes por algunos días en el bello departamento de Sara y Josefina, dos amigas italianas. Ambas trabajan para ongs, su casa también es su oficina y se pasan los días escribiendo informes de proyectos y contabilizar facturas. Viven en simbiosis, una cocina y la otra friega los trastes, una agarra los cigarros y la otra el encendedor. Por el día se sientan frente a sus respectivas computadoras, se ponen audífonos en las orejas (aunque escuchan la misma música) y trabajan todo el día; hasta comparten la misma contadora que se sienta entre las dos y lleva la contabilidad del proyecto de una y de la otra; luego, en la noche, se tumban en su sofá real y juntas miran en internet el último capítulo de una telenovela italiana. Ellas, Massi y yo hicimos un combo italiano sin desperdicio, una libre embajada de Italia en tierra limeña, que poco faltaba para que pusiésemos queso parmesano en el ceviche. Lastimosamente ambas tuvieron que salir de viaje pero... dejarnos su casa en nuestras manos! Gracias chicas! 

DAME LA HORA


En Lima - por lo menos ahora que es verano - es impresionante ver la cantidad de gente que pasea por la noche: son las 10pm y todas las tiendas están abiertas, acorraladas por miles de clientes. En los parques hay conciertos, espectáculos y música gratis y puedes ver señores veteranos en camisa de lino, en un raptus de éxtasis musical, menear el pelo canoso al ritmo de Light my fire. 




A las 11pm hay literalmente más tráfico que a las 7 de la tarde y entiendo que la ciudad tiró el reloj al carajo cuando, regresando a mi casa en la noche, descubro que en la iglesia del barrio está empezando la celebración de una boda.  


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ARREGLOS


Lima, tiempo de hospitales! Yo tengo que poner arreglo a una muela que tiene un cráter volcánico; luego aprovecho de una campaña para la salud femenina; después Massi fractura su dedo que se convierte en el dedo de ET el Extraterrestre. Resultado: en el Hospital de Magdalena del Mar nos saludaban por nombre!



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ANGELES LIMEÑOS

En las playas del norte de Perú habíamos conocimos a dos chicas que fueron nuestras ángeles limeñas. La primera fue Catalina quien nos guió por el centro histórico, nos acompañó por los lugares bonitos de la ciudad y brindó atención, medicinas y curas al dedo de Massi el Extraterrestre (Cata es veterinaria). Su dulzura, su capacidad de soñar y de espíritu libre nos siguen acompañando a lo largo del recorrido peruano. La otra fue Marité - me encanta su nombre - mujer inteligente, generosa, entusiasta que también nos ha llevado a unos lugares panorámicos espectaculares de Lima y ha organizado para nosotros una cena de platos típicos peruanos junto con su novio Israel, deportista con el amor al surf. A ellas nuestros agradecimientos especiales! 


OJO AL CIELO

Lima tiene el océano y con el océano hay una gran ventaja estética. Si te das una vuelta por estos lugares, una última recomendación: mucho cuidado con las ventanas de los rascacielos! Tienen la maña de caer en cima de los peatones...


Agradecimientos: bueno, ya están hechos! Marité y su compañero Israel, Cata, Sara y Jose. Un agradecimiento también a Franco, el odontólogo que salvó mi muela de una ortodoncia segura. 

lunes, 18 de febrero de 2013

Piura y el norte de Perú.

La Cooperativa Banana cumple dos años de viaje!


Ante todo hay que decir que este es el primer día de nuestro tercer año de viaje: ayer la Cooperativa Banana ha cumplido dos años por las rutas. Dos años desde aquel día en que dejamos San Salvador, viendo las siluetas de nuestrxs amigxs achicarse en la cera de calle Los Pinares, agitando sus brazos, pañuelos y bebés al aire.

Dos años enteros... y sin embargo aún no termina! Massimo maneja; está cantando una canción. Después de la crisis, la armonía volvió a la Banana y parecemos un comercial de familias felices. Tengo que admitirlo: estamos felices que te cagas!

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Reencuentro




Este ha sido el viaje del encuentro pero también del reencuentro. Iniciando con Ana quien ha sido nuestro primer feliz reencuentro, hemos vuelto a abrazar a Linda, Encarni, Juan Serafini y Josefina en Mexico, continuando con Adriana, Gloria, Hans y Alessia en Colombia y luego Byron, Piedad, Cecilia, Cristian y Tancredi en Ecuador. 

Ahora a las puertas de Perú, nos esperaban Tila y Juan Granda, dos regalos más de El Salvador y especialmente de Progressio, la ong británica en la cual fuimos colegas. 

"El clima, la gente y la comida", estos son los motivos por los cuales dicidieron vivir en Piura, dice Juan Granda que en realidad nació en Lima, aunque pocas veces lo confiesa. Paseamos por las calles piuranas al atardecer. Piura, en el norte de Perú, podría parecer una ciudad insignificante, una isla de cemento, polvo y mucha basura en el medio del desierto. No queda mucho de la encantadora ciudad de "La Casa Verde" de Vargas Llosa por culpa, como observa Juan Granda de "un ciego concepto de modernidad" que barre todo lo viejo para reemplazarlo con cubos de cemento. De las casas verdes, los prostíbulos donde el autor peruano tuvo su iniciación sexual, no queda ni una. Pero, a pesar de todo, Piura mantiene cierto encanto muy suyo. 


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Tres razones para amar a Piura (según Juan Granda!)

El clima de Piura es caldo y seco. La ropa tendida se seca en 20 minutos, el agua del chorro sale levemente fresca y una ducha en la mañana es un gran placer. A veces se mueve un viento caliente, pero a la hora de la siesta, el aire de Piura parece inmoble, suspenso, silencioso. 

La comida: una verdadera delicia! Abrazados por el afecto, casi paternal, de Tila y Juan, Tila nos ha mimado con deliciosas comidas peruanas que pondrían en duda cualquier vegetariano: papas rellenas de camarones y aceitunas negras, conchas en salsa, pastel de chocolate y otras delicias más (nosotros respondimos dignamente con una pasta al pesto con muuuucho parmesano ). Mientras tanto Juan nos abría las fabulosas puertas del pisco (un aguardiente de uva), nos brindaba historias y sus sonrisas grandes "Madre in Granda".


Y luego está la gente: empezando por los mismos Juan y Tila, sus abrazos improvisos, su hospitalidad que se resume en las palabras "mi casa es tu casa", su manera de cuidarnos mientras le damos una limpieza completa a la Banana. Es cierto, la gente del norte de Perú es acogedora y conversadora; es algo que se me hace difícil explicar a la gente de mi tierra.

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Hospitalidad latinoamericana 

Un ejemplo lo vivimos en Lambayeque, el mismo día en que salimos de Piura para viajar hacia el sur. Estacionamos en la plaza principal del pueblo y, a los pocos minutos, dos personas se acercaron: Wilfredo, un joven barrigudo, y Laura una señora alegre que ama conversar y parece que su vida fluye al ritmo de sus palabras. 

Ambos pararon a conversar con nosotros, preguntar de dónde veníamos, contarnos algunas anécdotas de su vida o alguna leyenda del pueblo. Luego, sin más ni menos, Wilfredo nos ofreció su cochera para estacionar la Banana y Laura nos invitó a un "desayuno" para el día siguiente. Desayuno está entre comillas porque a las 9 de la mañana nos encontramos delante de una enorme lasaña. Claro, ninguno de los dos, querría nada a cambio, todo lo contrario, nos dieron abrazos y regalos para el camino.

Estos comportamientos resultan incompresibles para muchos italianos que levantarían cualquier duda sobre los riesgos o la molestia de semejantes invitaciones, miedos y prejuicios capaces de destruir la espontaneidad de estos encuentros como castillos de arena. Siempre estaremos muy agradecidos a Latinoamérica por estos ejemplos de humanidad y generosidad. También agradecemos el viaje porque, al exponernos continuamente al desconocido, nos ha obligado a depender de la ayuda ajena y a vincularnos con el otro y la otra, nos ha acostumbrado a la interdependencia.

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Arqueología, playas y llantas.

Hay algo más que hace el norte del Perú un lugar especial: la cultura y la historia milenaria. Esta región es riquísima de sitios arqueológicos, museos y templos de época muy antigua, mucho anterior a la civilización de los inca. En Lambayeque hemos conocido el Museo de los Reyes de Sipan donde se conservan cerámicas y trabajos en oro de los primeros siglos después de Cristo. 

Algunos kilómetros más al sur, cerca de Truillo, visitamos Chan Chan, la más grande ciudadela en barro: allí conocimos Marité y Ismael, de Lima, con quienes pasamos alegremente el día en la playa. 







Hicimos 30 kilómetros de carretera destapada, para visitar la ciudad más antigua de América: Caral, de la misma época de las pirámides egipcias.


Viajamos lentamente hacia el sur, parando en pueblos y playas inolvidables: a quienes pasen por allí recomendamos un chapuzón en la playa de Tuquillo, un mar calmo y transparente (pero el agua está helada!) y un atardecer en Albufera, una laguna frente a la playa en la que vuelan miles de pájaros.





Y si por casualidad quieren pinchar una llanta, les recomendamos que pinchen en Chimbote: por lo menos diez personas - entre taxistas, policías municipales, pescadores y choferes de ambulancias - se ofrecerán para ayudarles a cambiar el neumático y terminarán juntos almorzando ceviche en el mercado local!


 

jueves, 31 de enero de 2013

El viaje dentro del viaje.


Solo ha sido una pausa reconstituyente: una semana en Madrid y tres en Italia, un masaje para el alma y para el cuerpo antes de regresar a las movidas pistas latinoamericanas. Todo fluyó tan fácil y perfecto como un tren en sus rieles.

MADRID PARA LAS FIESTAS


Para empezar, llegamos al aeropuerto de Madrid justo algunos minutos después de Andrea y Luis, queridísimos amigos de El Salvador. Si quisiéramos hacerlo a posta no lo hubiéramos logrado. Por eso los abrazos empezaron ya desde el aeropuerto y continuaron por los cinco días siguientes sin otras interrupciones que las necesarias para ingerir litros y litros de vino tinto, sabrosas aceitunas ibéricas y quesos curados. 

Eran los días antes de la Navidad y Madrid, que es una de las ciudades con más bares por metro cuadrado, estaba llena de luces y colores: las calles hervían de grupos de mujeres cantando, haciendo las palmas e improvisando coros y pases de flamenco; los bares rebozaban de gente de todas las edades. 


Sin embargo la crisis económica hacia de contrapase a la fiesta: justo en esos días el gobierno español estaba aprobando una ley para privatizar la sanidad pública y miles de personas protestaban con la bata blanca en Madrid. Me cayeron un par de lagrimas al ver las mujeres de la edad de mi madre distribuir folletos y protestar por las calles. Son unos hijos de puta.

En Madrid estaban también Pamela e Ivan, Vicente, Xavi, Ana, personas cuyo lugar en nuestros corazones es inconmensurable. 




Descubrimos además que algunos de sus amigos, a pesar de no conocernos personalmente, son aficionados de la Cooperativa Banana y siguen nuestras aventuras en el blog. Todos nos apapacharon con comidas, paseos, brindisis, masajes shatzu y otros detalles más.

TODO MADE IN ITALY


A pesar de algunos temores nuestros, en Italia también todo corrió rápido y sin problemas. Hicimos una lista de los mejores momentos que vivimos.
  • Ser investidos por el viento helado de Bolonia y no recordar hace cuantos años que no tu cuerpo no estaba expuesto a semejante temperatura.
  • Nuestros padres y madres que nos esperan trepidantes en el andén de la estación: encontrar que su amor es siempre cálido y presente (como la lasaña que no tienen en casa!).
  • Las caras de mis compañeras de bachillerato cuando contaba de las limpias de la curandera ecuatoriana.
  • La mesa de Navidad, los juegos, la discusión familiar si comer los tallarines con mariscos antes o después de la lasaña.
  • Massi con el traje de Papá Noel que reparte regalos a sus sobrinos pequeños y puñetazos a los más grandes.
  • Ver Berlusconi todos los días en la tele y saber que vives en un país que no está gobernado por él.
  • Nuestra cara cuando nos dijeron el precio de la entrada al cine.
  • Siestas espectaculares en el sofá de la casa.
  • Descubrir con placer y a veces con terror que ciertas cosas no cambian nunca.
  • El abrazo de todos los amigos y todas las amigas y su emoción al despedirnos.
  • Hacer guerra de bolas de nieve en la entrada del aeropuerto. Descubrir con mucha alegría que tu avión es el único que no ha sido cancelado por nieve.

La Cooperativa Banana regresa a la cancha!


En Madrid y en Quito también todo fluyó espectacular. En Madrid estubimos en la casa de Maca, mujer maravillosa; en el bar a lado de la casa encontramos por casualidad Egly, amiga salvadoreña; hicimos el viaje de regreso a Quito juntos con Bea, amiga española exportada en Ecuador.

En Quito estubimos el tiempo necesario para resolver algunos asuntos burocraticos, despedir los amigos y amigas y luego 17 horas de bus hacia Piura, Perú. 

Allí estaba nuestra Banana, en perfecto estado y con su sonrisa perfecta, que arrancó enseguida pues ya tenía ganas de volver a las rutas!

En fin, cuando todo fluye tranquilo como un arroyo en un jardín japonés, saber por cierto que estas en el lugar correcto en el momento correcto.

miércoles, 30 de enero de 2013

VIDEO DEL PMA

Como muchos de ustedes ya saben, uno de nuestros últimos trabajos ha sido la realización de un video documental sobre las personas colombianas que buscan refugio en Ecuador. 

CÓMO NACIÓ TODO:

En agosto fuimos a Esmeraldas (donde Nico vivió por un año entre 2004 y 2005) entre otros amigos  fuimos a saludar el Alcalde Ernesto Estupiñan.  Ese día, en el Municipio, se estaba inaugurando un programa de alimentación escolar y conocimos Deborah Hines, directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Ecuador. 

Cuando ella se enteró de nuestro viaje y trabajos, nos pidió realizar un video sobre el trabajo del PMA en Ecuador. Esto nos permitió recorrer la frontera Ecuador y Colombia, conocer más sobre el tema de los refugiados y refugiadas colombianas en Ecuador, conversar con estas mujeres sobre sus historias de vida y tener una linda experiencia de trabajo con nuestro amigo quiteño y director de cine Diego Arteaga, quien nos ayudó en la realización de este pequeño video.

Bueno, aquí va el resultado de ese trabajo. 
¡Esperamos que les guste!




Aqui algunas fotos de las filmaciones en las provincias de Carchi y Esmeraldas.








miércoles, 12 de diciembre de 2012

Día 660 de viaje, la Banana cruza la frontera numero 11: Perú.


SOBRE EL AMOR

Dicen que el amor es como la luna: si no crece, mengua. Massi y yo después de una fase de amor lleno y bien gordito, de repente nos hemos encontrado en una fase de amor menguante y como esa piedrita que es capaz de generar una avalancha, nuestras pequeñas discusiones cotidianas se convirtieron en peleas tan furiosas que hicieron correr hasta la policía peruana.

Por eso decidimos aplacar nuestros ánimos y separarnos por un par de semanas: Massi se quedó en las playas del norte de Perú (Mancora, Organos, Punta Sal, etc), un desierto de tierra roja y arbustos que se extiende hasta el océano azul. Las playas son enormes y hermosas, miren aquí qué bonito!





HASTA IQUITOS EN BARCO

Mientras tanto Nico se subió a un bus hacia la selva, con el objetivo de llegar a Iquitos, una ciudad peruana en la Amazonía, que es la ciudad más grande del mundo a la que no se puede llegar en carro, sino únicamente en barco o en avión.

Para llegar a Iquitos en barco hay dos caminos: desde el norte por Yurimaguas, y desde el sur por Pucallpa. Yo llegué a Yurimaguas de donde zarpé en la embarcación “Eduardo VI” que navega durante dos días y dos noches por el Río Marañon. El barco está muy muy lleno de seres humanos y transporta mercancías de todo tipo. La mayor parte de las personas duerme en hamacas,pegaditos los unos a los otros.

La vida a bordo es bastante vivaz, tres cocineros gays preparan y sirven las comidas para todo el mundo, los vecinos de hamacas están tan cerca de uno que es natural hacerse amigos y se forma una especie de familia contingente. Muchos viajan por trabajo, otros regresan a sus casa o van a visitar la familia, otros parece que sólo viajan para convertir los pecadores a Dios y no faltan los viajeros aventureros de todo país. Me la pasé brincando de una conversación a otra, de una historia a la otra, de una vida a otra.

Mientras tanto el río avanzaba seguro y una linea de selva es la única frontera entre cielo y agua. “¡Wow, que aventura!” pensaba conmigo misma y todavía no sabía lo que estaba por venir.



CINCO MINUTOS EN IQUITOS

Alguien me metió la idea que desde Iquitos (Perú) podía regresar a Ecuador navegando por el Río Napo, que es un afluente del río Amazonas (Massi y yo teníamos que volver a Ecuador para dar unos talleres). Sin embargo nadie podía darme informaciones exactas sobre ese recorrido y por lo visto el barco a Ecuador sólo sale una o dos veces al mes. La Edoardo IV llegó a Iquitos a las 4.30 del lunes y, como siempre, un montón de vendedores, guías turísticas y personajes varios se subieron a bordo para cazar turistas y vender tours en la selva. Pregunté sobre el barco a Ecuador y uno de ellos me dijo que zarpaba justo el día siguiente. ¡Qué suerte! Le conté a Jose, un español que querría darse la misma vuelta, él fue a preguntar y regresó corriendo: “vamos, vamos, el barco a Ecuador sale ya mismo!”

Agarré mis cosas al tiro y saltamos de un barco a otro hasta la embarcación “Cabo Pantoja”, donde un pizarrón decía “Salida hoy, sin falta”. Justo tuve el tiempo de comprar tres botellas de agua y dos rollos de papel higiénico y realmente mis pies tocaron el suelo de Iquito por un máximo de 5 minutos.

OCHO DÍAS MÁS DURMIENDO EN HAMACA

De inmediato me fue claro que la “Cabo Pantoja” no era un lugar propiamente para turistas: el barco era una enorme chatarra oxidada, el puente inferior era un lugar infernal con un olor a baño público y en el puente superior había una reunión familiar y estaba todo el mundo bien borracho. Con Josè nos acomodamos en el puente superior (mejor los borrachos que el tufo a mierda!) y la Cabo Pantoja zarpó poco después. Sin embargo no eramos los únicos turistas, también estaba Joanes de Alemania, Flora de Francia y Mauri de Argentina. Una buena mezcla de nacionalidades.


POR EL RÍO NAPO

Empezó la navegación que duró 8 inolvidables días, el barco avanzaba a la velocidad de una bicicleta, paraba en todas las aldeas para cargar y descargar mercancías y a veces paraba en lugares donde no se veía ninguna casa pero inexplicablemente salían personas de la selva que estaban esperando el barco.




El viaje nos regaló amaneceres y atardeceres tan bellos que nos poníamos a reír por la felicidad, aventuras dignas de un libro de García Marquez, tranquilidad y muchas buenas conversaciones.




En algunas comunidades pudimos bajar a caminar por la selva o bañarnos en el río y en una aldea hasta se organizó un partido de fútbol entre los locales y los pasajeros.





La llegada del barco era un evento y en las aldeas todo el mundo venía a saludarnos, todo el mundo se conocía como un gran barrio de dimensión amazónica.




Me emocionaban las noches, me quedaba despierta cuando todo el mundo dormía, la luna llena iluminaba la selva y el agua se convertía en un río de plata, a veces el barco apagaba los motores y deslizaba en silencio sobre el agua.


PESCANDO PIRANHAS EN EL YASUNÌ

El siguiente lunes llegamos a la frontera y pasamos al primer pueblo de Ecuador: Nuevo Rocafuerte.

Aquí los mismos policías de migración nos invitaron a pescar pirañas en la Reserva Natural Yasuní. Sin detenernos sobre el hecho de que pescar en una reserva natural está prohibido, fue una oportunidad única para entrar al Yasuni. Yasuni es una reserva amazónica entre la más importantes del planeta y por diversidad biológica; además allí viven algunas poblaciones indígenas en aislamiento voluntario. La Reserva Yasuní ha sido protagonista de una iniciativa única de conservación por parte del gobierno de Correa, llamada Yasuní ITT (aquí si quieres saber más).

Describir ese lugar es imposible, creo que sólo allá he podido ver la verdadera jungla, la foresta amazónica como tenía que ser al inicio de los tiempos. Pajaros y delfines rosados nos acompañaron hasta una hermosa laguna poblada de pirañas, cocodrilos y boas.

Por suerte los guarda-parques nos prohibieron pescar pero nos quedamos contemplando la selva hasta en la noche. ¡Fue hermoso!



REGRESO A LA CIVILIZACIÓN

15 horas más en lancha rápida y luego una noche en bus hasta llegar de nuevo a Quito, que justo celebraba su fundación con desfiles, conciertos y fiestas por todas partes. Mi amiga Bea celebraba su cumpleaños, mi otra amiga Ceci acababa de parir su primera hija mujer, Amanda. La distancia me ayudó a extrañar a Massi y tengo toda la esperanza de que la luna amorosa crezca pronto otra vez!


LA BANANA VA DE VACACIONES

La Cooperativa Banana va de viaje a España e Italia: pasaremos una semana juntos con nuestros amigos y amigas en Madrid y luego volaremos a Ancona (Italia) para pasar las fiestas con nuestras familias y amig@s! En enero retomaremos el viaje hacia el sur...las aventuras y las sonrisas continuarán!

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AGRADECIMIENTOS:
Un gran agradecimiento a Juan y Tila, desde el momento en que entramos a Perú sentimos su amoroso abrazo; a René, Jason, Marcos, Flor, José, Joanes y Mauri por compartir una parte del camino. Fotos de Flor, Joanes y Josè.

COMO VIAJAR DE IQUITOS A ECUADOR EN BARCO


De Iquitos (selva peruana) es posible navegar hasta Coca (selva ecuatoriana).
El recorrido es Iquitos – Pantoja – Nuevo Rocafuerte – Coca, en total fueron 9 días de navegación y 61 dólares.

Aquí los detalles. Desde Iquitos a Pantoja salen dos embarcaciones: la “Cabo Pantoja” y la “Tito”. Ambas no tienen horario ni fecha en el calendario y es imposible saber con anticipación cuando zarparán. Por lo general cada una hace 1 viaje cada mes, así que es posible navegar cada 15 días. La única manera es ir al puerto y preguntar posiblemente al capitán, aunque siempre hay cambios de última hora y hay que estar muy pendiente. Yo navegué en la “Cabo Pantoja” que por lo visto es un poco mejor de la “Tito”.

Estos barcos hacen un pequeño tramo del Río Amazonas y luego navegan por el Río Napo hasta llegar a Pantoja, último pueblo peruano en la frontera con Ecuador. Este viaje dura aproximadamente 8 días (en nuestro caso de lunes a lunes) aunque eso también depende de muchos factores: el barco se puede arenar o puede quedar uno o dos días en una aldea esperando que se descarguen las mercancías. 

El viaje de Iquitos a Pantoja cuesta 85 soles (aprox. 34 dólares), incluye las tres comidas para cada día de navegación. Todo el mundo duerme en hamacas (bien pegaditos los unos a los otros), no hay cabinas para pasajeros. Puedes elegir poner tu hamaca en el puente superior o en el inferior: el puente inferior huele muy mal y ponen videos evangélicos todo el rato. Recomiendo dormir en el puente superior, pero antes de colgarla averigua bien que no haya hoyos en la lona del techo para repararse de la lluvia. La comida es básica (arroz con pollo, avena con pan) pero no está mal. Hay que llevar tu hamaca, un taper y cubiertos para recibir la comida, si no lo tienes comprálo antes de zarpar. Los baños son bastante malos y sucios... pero se aguanta! El barco va parando en comunidades y aldeas, donde es posible salir y comprar frutas, agua, galletas, cosas de primera necesidad. Pero cuidado, si te demoras el barco se irá sin esperarte!

Una vez en Pantoja, después de marcar la salida de Perú, puedes contratar una lancha privada que te lleve hasta Nuevo Rocafuerte, el primer pueblo de Ecuador. Nosotros viajamos en un Peke-Peke, pequeña canoa de madera, el viaje duró 2 horas y media y pagamos 30 soles (12 dólares) cada uno (eramos 5 personas). Hay barcos techados y con motor más rápido que cobran un poco más, mientras que los barcos ecuatorianos por lo general cobran un poco menos. Hay que preguntar a diestra y siniestra en el muelle.

En Nuevo Rocafuerte marcas la entrada a Ecuador, la policía de migración de allí es muy amable y veces ofrece hospedaje a los turistas en su oficina.



El último tramo es de Nuevo Rocafuerte al Coca. Todas las mañanas a las 5.00 am sale una lancha rápida de Nuevo Rocafuerte hasta el Coca (son 15 dólares y 13 horas de viaje). Los lunes y sábados también sale una embarcación del municipio que es más rápida y más económica. No conozco otras opciones.


Una vez en Coca ya hay carreteras y buses a todas partes de Ecuador. A Quito por ejemplo hay buses cada 30 minutos a partir de las 6pm hasta la medianoche (valen 10 dólares y tardan 7 horas).



Hay quienes dicen que es un viaje muy incomodo y terrible. Claro, el barco es una chatarra oxidada y definitivamente no es para turistas. Sin embargo, adaptándose un poco, el viaje me pareció inolvidable, la gente muy amable y los lugares hermosos. ¡Lo recomiendo!