sábado, 2 de julio de 2011

EL HOTEL MÁS CARO DEL MUNDO.

Abril es una alumna del taller de improvisación, cada tarde llegaba a su cas ay contaba los juegos y las reflexiones. Su hermana Sheila trabaja como coordinadora del Ce.re.so (centro de reinserción social) (cárcel) de Cholula, un pueblito a 20 minutos de Puebla, a dos horas del DF.

Sheila llegó al último ensayo para hablar con nosotras y convencernos de lo necesario que era montar un taller así en su centro de manera gratuita, porque, evidentemente, el gobierno no lo iba a  pagar. Bastaron su entusiasmo y la visita guiada al centro, para ver la necesidad de verdad, de las buenas, de trabajar con los internos.

Cuatro personas en el módulo de siquiatría, uno de los cuales nunca, nunca es nunca, sale de su celda de dos metros de largo por uno de ancho. Otro, que después de estafar al seguro social, pidió que le metieran en ese módulo por su propia seguridad, conocido como el Doctor Muerte es un déspota que controla a los dos que quedan que ni silban sin pedirle permiso. Los dos que quedan Tobías y Sevilla, no son conscientes ni de sí mismos, uno sumido en un mutismo casi perpetuo y el otro discapacitado síquico con una deficiencia mental profunda…


Un patio de 10 metros por 5, sin ventanas, una puerta de hierro negro que de vez en cuando y desde fuera, golpean los custodios para recordar que andan cerca.
Una tele de los años 80 que pasa novelas y futbol, una mesa de plástico y dos sillas, que aumentan  a 5 en caso de visitas como la nuestra.
Un cubo de basura en medio del patio que además tapa el sumidero para evitar que entren las ratas. Un lavadero de ropa y cuerpo.

El módulo B es el de los malotes, malotes, divididos en dos grupos que se odian entre sí, solo podemos trabajar con uno de ellos, los que habían ganado el concurso de dibujo organizado por el departamento de pedagogía, es decir por Sheila, siempre ella.
Fuimos un premio.




Taller de riso-terapia en la cárcel de Cholula



Trabajamos con seis personas y estábamos rodeados por 4 policías armados hasta los dientes.
En un patio como jaula de patos, de 10 por 10 metros, un cuarto de ellos ocupados por trastos viejos tipo mesas y sillas rotas.
Salen en fila, con la cabeza gacha, y los brazos a la espalda. Postura común dicen. Es difícil quitarles la maña.
Salen serios, a la expectativa, no habían sido informados y no saben a qué vienen.
Regresan relajados, riéndose con el recuerdo, cuerpo y cara.

El más difícil de los difíciles, las mujeres, embutidas en una jaula con el tejado de uralita a 20 centímetro de sus cabezas, 25 cuerpos en 100 metros cuadrados.
Duras, rudas, desconfiadas, traicionadas, dolidas. Solas. No se prestan a nadie. Hasta el segundo día no se abren…y solo unos milímetros, los justos para no dejarse ver, pero si saber que están ahí. Jugamos a juegos sin compromisos morales, donde solo puedan reírse, distraerse y pedirnos que regresemos.


Taller de riso-terapia en la cárcel de Cholula


La chispa son los internos llamados “población” ladrones de tres al cuarto, chaperitos, putos, tomadores y drogaditos. Ansiosos por participar, por jugar, por reír. Con un espacio más amplio, comedor, gimnasio, cancha, escuela, salón de actos, talleres, mercadito… media cuadra,y más horas de trabajo, nos tratamos de tú a tú, comemos en el comedor, por supuesto no el rancho. El cocinero nos cocina de forma especial, somos vista ilustre e internacional… Además incluimos a sus visitas familiares  dos días de taller, para alivio de ambas partes.

Nos tratan de tú a tú y nos cuentan… EL HOTEL MÁS CARO Y MÁS CHAFA DEL MUNDO!!!
Pagan por todo, por la celda, si la quieren sin chinches se paga más, por las horas de gimnasio, por la mesa del comedor, por el agua caliente, y por el agua de beber, por lavar la ropa, por la comida, por tiempo en el patio, por la seguridad, por no tener los peores trabajos… por respirar.

Taller de riso-terapia en la cárcel de Cholula


Y quien no tiene para pagar, duerme hacinado, lleno de pulgas y chinches, come el rancho, gran bazofia, no se lava todos los días y su ropa está sucia, barre y limpia las letrinas, nada de gimnasio, nada de nada.
Y los pobres custodios, que no ganan para vivir se cobran su  sueldo como parte del sistema, a base de internos y sus familias.
Y cuando nos vamos nos dicen: fuimos libres por una semana.


María.

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