sábado, 18 de febrero de 2012

Banda Viajera

¿Puede una calle albergar tantos carros viajeros? Preguntale a la calle Espíritu Santo del barrio Getsemaní de la ciudad de Cartagena. 

Un Falcon con placa argentina y una inscripción en su luneta que decía “Venimos paseando” fue el primero en ocupar la pintoresca calle de banderines coloridos, los segundos en instalar su motorhome fueron Yayo, Sofi con su bebé a bordo de su pancita de cuatro meses y su proyecto “Miradas” que nos encegueció de amor, luego llegó la Banana Loca con su nariz payasa sonriendo a grupos de viajeros varios...como Manu y Santi que desembarcaron de un velero y pusieron la “Pizzería Latinoamerica” de calzones rellenos, Mati, Adri y Nico que con sus guitarras inventaban acordes en la vereda entre cantos de vendedores ambulantes de aguacate y papaya, Lali y Diegui con sus bicis voladoras y su magia rodante, Juan y Mauro mochileando expandiendo arte en las paredes, Toki y Lumi que nos hicieron estallar de risa con sus improvisaciones, Vivi, Pau y Trini que coloreaban con sus clowns, bailes y malabares las calles y “Ciudad móvil”, un espacio cultural que nos abrió las puertas durante nuestra estadía cartagenera.


Los días que vivimos todos juntos fueron intensos, con una energía hermosa que tenía que ver con el fluir con el otro, en el otro y sumergirse  así en propuestas de intercambio.


Compartimos mates, bailes, canciones, proyectos, sueños, pizzas, almuerzos de ensaladas y atardeceres en el mar. Nos fuimos acompañando en cada trabajo, salía la luna y los chicos de Miradas sacaban el telescopio y el grupo cantaba canciones de luna para ayudar a convocar, la Cooperativa Banana actuó en el teatro y el grupo asistió incondicionalmente, los chicos de la pizza nos alimentaron varias noches y así colaboramos con su cruce a Panamá...vorágine que hizo que los días transcurrieran veloces y nuestros corazones se agrandaran un poquito más.

Estos encuentros son los regalos que trae el camino, sea cual sea el recorrido, de la casa a la iglesia, de México a Argentina o de la cama al living. Bastará con despertar la mirada para ver cielos de frente.
(Foto de Serena Ganeo - colectivo Ciudad Mobil)








En Cartagena realizamos dos funciones de ¿Qué onda con la Mamá? y un taller de clown gracias a la incondicional disponibilidad de Rogelio, del teatro independiente Reculá del Ovejo.






Además pudimos realizar el estreno de nuestro varieté surealista y delirante: ¡Qué vergón! que fue un éxito tal que ni siquiera los artistas se aguantaron las ganas de reirse!








Caravana Banana Miradas.
Se encendieron los motores y dejamos atrás la calle de banderines rumbo a Palenque. La caravana la  encabezaba la motorhome de Yayo, Sofi y su pancita y la seguía la Banana con Trini y Diego como invitados de lujo.

Palenque fue el primer pueblo negro libre de América; al llegar vibramos una identidad cultural muy fuerte que hace que hoy en día conserven sus tradiciones, peinados, lengua propia, su música y danzas, tambores y una energía que nos cautivó, nos recibieron con una sonrisa y un “Hola, buen día... ¿Qué necesitan?”.

Ahí pasamos un día y una noche, con ese pueblo y sus alegres habitantes. Cuando el sol cayó y el calor intenso pasó convocamos a todos a que se acercaran a la plaza principal.


Entonces cada cual con lo suyo “funcionó”, Trini y Diego improvisaron números de clown y malabares, con los Bananos hicimos parte de la obra y los mirones sacaron el telescopio para ver la luna que llenita se asomaba. 






Cerrando la noche, un grupo de músicos belgas nos hizo mover el esqueleto con sus vientos balcánicos y cumbias colombianas y un grupo de niños nos enseñaron sus canciones preferidas con coreografías incluídas. Cenamos en el medio de la calle de tierra con la Banana mirona espiándonos de costado.

Al día siguiente, partimos rumbo a Barranquilla, a la previa  del carnaval. Nos estacionamos frente a la casa de Rochi, una amiga de hace varios años que siempre nos abre las puertas de su casa y de su familia.  
Fueron tres días a puro ritmo; ante la necesidad de trabajar desplegamos toda nuestra creatividad y capacidad de improvisación, dejando un poco de lado nuestros proyectos para adaptarnos a los días del pre-carnaval.   

Así fue que nos sumergimos en el viernes de "guacherna", un descontrol organizado en un desfile nocturno. Las comparsas, el alcohol y la fiesta fueron las reinas de la noche. Nos estacionamos y sacamos toda la carne al asador; maquillamos a los que volvían de desfilar ya borrachos preparados para seguir de rumba, vendimos globos con formas para los enamorados, sacamos el telescopio para ver Venus y entre nube y nube espiar la luna por mil pesitos, fotos con "carropayaso" a colaboración, retratos y caricaturas de la mano de Yayo y delirios varios que surgían a cada minuto.


El sábado nos sorprendimos con un desfile gay a todo trapo en donde volvimos a atacar con toda nuestra artillería, pero lo que más resultó, inesperadamente, fue el alquiler de banquitos (propios de la Banana) para los que estaban atrás y no alcanzaban a ver. Increíble pero real, jajaja.




Y el domingo, el carnaval de los niños, cuántos colores, que despliegue, miles de niños disfrazados bailaban al ritmo de su propia comparsa! Entonces el maquillaje funcionó perfecto completando así sus producciones caranavalescas.




No ahorramos mucho dinero pero la comida fue siempre abundante, compartimos desayunos continentales, variados almuerzos y mucha armonía en el trabajo en equipo. Nos despedimos de Miradas con lágrimas en los ojos, soñando un reencuentro en algún rincón de este inmenso planeta.  


(Ana, La Negra y Trini)



sábado, 4 de febrero de 2012

Cumpleaños de la Banana!

A las 12 de la noche se apagaron las luces, aparecieron una velita y un montón de amigos y amigas cantando: la Banana cumple 1 año!!! Nuestro viaje empezó el 4 de febrero del 2011, la Banana encendió los motores a las 11 de la mañana en la calle Los Pinares en San Salvador rumbo a México!

Celebramos la alegría de este año de “pura vida” compartiendo las fotos de un regalo más que nos hizo la vida: Sara, Rosanna y Rina con la nariz de payasas, nuestras madres reunidas en Colombia! ¿Qué más le podemos pedir a la vida? :-)


Rosanna, Rina y Sara con la Banana!


Una foto más con la a Negra y Elfio, la familia Bananengue al completo!




En este momento vamos a actuar en el teatro Reculá del Ovejo de Cartagena, ¿qué mejor manera de festejar?

viernes, 13 de enero de 2012

Compartiendo con los Kunas Ayalas

¿DÓNDE ESTÁ LA CARRETERA?

¿Sabían que entre Panamá y Colombia (es decir, entre Centroamérica y América del Sur) no existe ninguna carretera? Io confieso que no lo sabía. El problema no es el Canal de Panamá, él que une los dos océanos y que se puede fácilmente cruzar en modernísimos puentes. El nudo está en el Tapón de Darién, un istmo de 100 kilómetros de bosque que jamás ha sido atravesado por el asfalto.

¡Qué curioso! El asfalto ha deforestado la Amazonía, hay calles bajo el mar y túneles bajo cualquier montaña. ¿Por qué en la mitad del continente americano los GPS se enloquecen?  La respuesta no la conozco pero puedo comentar algunas de las consecuencias prácticas: la Banana ha tenido que zarpar dentro de un contenedor por el modesto precio de 800 dólares + impuestos así como todas las mercancías que viajan de norte hacía el sur y del sur hacia el norte, pero también las que viajan de este a oeste y de oeste a este!!!

Massi, Ana y yo tuvimos que elegir entre pagar un vuelo o aventurarnos por mares e islas olvidadas (ver cuento siguiente). ¡La falta de una carretera es un negocio redondo! Creo que las consecuencias del Tapón de Darién sobre los tráficos de seres humanos, drogas y armas no las podemos ni siquiera imaginar. En la era de la globalización, entre Colombia y Panamá Eduardo Galeano tendría un ejemplo más de su “mundo patas arribas”.

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NOTA: el leguaje que usamos es sexista. Habría que inventar palabras que incluyan a ellos y ellas en otro término diferente. Desde esta reflexión y para no seguir contribuyendo al mismo esquema, en lugar de utilizar el masculino para incluir a las mujeres o de utilizar los/las, usaré el femenino para referirme a personas (hombres y mujeres). Me dirán si les gusta esta novedad del 2012.

DECISIONES MOJADAS
¿Cielo o mar? ¿Aire o agua? Nos ha costado bastante tomar la decisión sobre cómo cruzar de Panamá a Colombia: ¿una hora de cómodo vuelo o un número indefinido de días por los mares, rebotando entre una conjunto de islas tan chiquitas que no aparecen en los mapas?
Adivinen la respuesta...

Embarcada la furgoneta en un contenedor desde Colón, puerto panameño de mala fama, hemos alcanzado un pequeño muelle en la Bahía de San Blas. Esta zona es una reserva natural de casi 400 islas, algunas minúsculas, entre las aguas cristalinas del mar del Caribe, una comarca donde viven las indígenas Kuna Ayala.  

 En el muelle de San Blas, el 24 de diciembre había un vaivén impresionante: todas parecían saber que hacer, excepto nosotras y un grupo de otras extranjeras que resultan ser italianas. Maletas, mercancías e indígenas: una lancha se llenó de personas pero, de pronto y sin motivo aparente, todas se bajaron para encaramarse en otra; toneladas de pollo congelado y latas de cerveza surcaban las olas para alegrar la navidad indígena; varios yates y veleros de lujo transportaban las turistas adineradas hacia unas islitas preciosas. Después, silencio! Todas las lanchas se habían ido y habíamos quedado solas, seis italianas, preguntándonos en qué nos habíamos equivocado. En ese momento, aparece una lancha que va hacia el sur y arriba toda la banda!  



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EL VIAJE DE LA DIVERCIÓN
Nosotras ganamos los asientos en primera fila: al inicio el viaje entre las islas era encantador pero, al salir al mar abierto, el juego se puso duro. A cada ola nos llegaban guacaladas (*baldes) de agua que era necesario escupir el agua para poder charlar con el vecino; Massi lloraba en idiomas desconocidos mientras su espalda se molía vértebra por vértebra, por los golpes del barco; atrás de nosotras, las indígenas Kuna reían y gritaban felices como en las montañas rusas; el capitán, parecido a Hugo Chavez, miraba el horizonte y manejaba el barco con una mascara de buzo y, a su lado, las otras italianas tenían un color verde cada vez más preocupante. Cuando, ya totalmente empapados, Davide, mi vecino de asiento, dijo: “Lo bueno es que el agua está tibiecita!” nos dio un ataque de risa histérica hasta llegar a destino: la isla de Caledonia.  



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EN LA ISLA DE CALEDONIA

En la isla de Caledonia había un velorio y todo el mundo esperaba la llegada de nuestra embarcación; el muelle estaba lleno de indígenas con su vestimenta típica, una imagen digna de la película Mission.  Las mujeres visten con un pareo colorido y en la cintura lucen un pañuelo bordado a mano; brazos y pantorrillas son decoradas con chaquiras de colores, llevan una bincha roja en el pelo y pintan una linea vertical entre la frente y la punta de la nariz. Muchos hombres visten de la manera occidental pero el vestido típico está compuesto por una camisa de mangas largas verde o azul intenso, un sombrero y pantalón negro al estilo Jackson Five. Para completar el cuadro surrealista, en el muelle entre los indígenas había dos japoneses también! Poco después estábamos frente a un plato de pulpo y plátano frito, por fin con ropa seca!

Más sorpresas nos esperaban: esa noche había un velorio de un anciano de la comunidad, muerto a los 82 años. Después de la cena me meto en la choza más grande de la isla donde todo el pueblo estaba reunido en la oscuridad: el muerto estaba acostado en un hamaca, la viuda cantaba una canción triste en lengua kuna, se quemaba sahumerio por todas partes. Algunas mujeres se sientan a mi lado y empiezan a explicarme sus tradiciones: no es posible llorar porque los espíritus negativos se quedarían en la isla; el duelo se expresa cantando y cada persona por turno improvisa una canción que cuente de los momentos vividos juntas. En este caso la viuda agradecía al muerto por haber vivido tantos años y no haber dejado huérfanas a sus hijas. 





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CELEBRANDO CON LAS KUNAS

En Cartí, otra isla donde habíamos estado la noche anterior, la fortuna quiso que pudiéramos participar en la celebración de la primera menstruación de una muchacha. Es un gran evento, amigos y familiares llegan desde las otras islas. A la chica se le corta el pelo por primera vez en su vida y la familia prepara chicha para todas. Allí también nos metimos en la fiesta de paracaídas! Todas fumaban y tomaban un montón, incluyendo las mujeres que se abrazaban y reían bien borrachas. Mi recibida fue grandiosa: pocos minutos después un viejito embriago se durmió en mi hombro y me hizo sentir perfectamente integrada en la comunidad!


                  Más tarde bailamos! - dicen.
                  Bien! ¿Y a qué hora empieza la música? - pregunto.
                  ¿Qué música?
                  La música para bailar – contesto.
Se echan a reír y contestan – Noooo! Nosotras Kuna Ayala bailamos sin música!!!
Efectivamente, cuando se pone oscuro, empiezan a bailar en círculos, de la mano: el ritmo lo marcan con las manos y con sus propios pasos, mientras tanto unas viejitas cantan en el medio del circulo.

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EN ALTA MAR
(O SEA, LAS PREGUNTAS DIFICILES...)
Este es un inolvidable regalo. El equilibrio de las Kuna Ayala es muy frágil; mirarlos es como hojear un libro tan delicado que sus páginas se deshacen bajos las manos. Aquí las niñas no piden monedas, ni regalos: entonces aún existen lugares no contaminados! ¿Cómo se defenderán las Kunas del turismo masivo que empieza a llegar? ¿Y del consumismo que trae la televisión? Al turista le dicen que se lleve su basura pero ¿quién creen aún en el cuento del “turismo responsable”? Son preguntas para las cuales las mismas Kunas buscan una respuesta. En la noche, en mi hamaca cierro los ojos y me veo otra vez en alta mar.

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AGRADECIMIENTOS
Es el momento de los agradecimiento y esta vez sí los agradecimientos se extienden a muchísimas personas: sí, porque si logramos cruzar de Panama a Colombia fue realmente por la amistad y el apoyo de muchas, muchas de ustedes, desde México, hasta Costa Rica, pasando por El Salvador y Nicaragua. En Las Peñas (Panamá) mandamos un gran abrazo a toda la familia Ruiz, especialmente a Irina e Inti, por su apoyo, enseñanzas y por sonreír tanto.


Un agradecimiento especial va a Pamela Palenciano, mujer valiente, y a su proyecto "No sólo duelen los golpes" contra la violencia machista. 







También gracias a la tía Juana por su aporte al Proyecto Banana. Es lo más lindo cuando las amigas nos apoya para la realización de nuestro sueño!

domingo, 18 de diciembre de 2011

Una Banana más en Costa Rica!

Verde por donde mires, bananeras color esmeralda, naturaleza que no puedes dejar de mirar, animales exóticos en el patio, plantas que se mezclan con miles de formas y colores.

NO SÓLO EL CUERPO NECESITA EL BUEN ALIMENTO








San Ramón de Alajuela, aquí participamos de un festival llamado E-coarte, fueron tres días a puro intercambio.

Un grupo de jovenes “iluminados” llevan adelante este festival, en donde se comparten días de intercambio.
Cada cual con su arte y sus artesanías, intercambia sin dinero de por medio.

El valor de las cosas cambia, nuestras mentes también!

Ellos proponen una nueva economía, economía consciente!

Ellos hablan de que existen no sólo 3R (reducir, reciclar y reutilizar) sino 5 o más. Le agregan la R de responsabilidad por los actos que realizamos para con nuestra tierra y la R de respeto por la misma.


Ellos nos enseñaron el valor de la mirada y así el de la palabra, el valor de decir gracias, el valor de un abrazo genuino, el como vivir en comunidad y mucho más.

Aprendimos mucho con E-coarte, nos abrieron una puerta más de nuestra mente.
Muchas gracias a toda casa Siris, gracias por existir, gracias por el amor que irradian!
¡qué su energía se contagie!


Aquí realizamos dos funciones y pusimos un puesto con todo el “merchandising” bananero (camisetas, billeteras, porta-pasaporte y ceniceros) todo con material reciclado.

(Ana)

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PURA VIDA

Pura vida!” han sido las primeras palabras que hemos escuchado en Costa Rica, cuando don José nos abrió las puertas de la finca Corral Negro para brindarnos posada. Pura Vida es una expresión típica costarricense (o tica) para decir que no hay problema, que todo está bien y para saludar.

Con esta frase, aquí en Costa Rica se celebra la vida, su pureza, su integridad. Pura Vida es una forma de ver el mundo, de celebrar las cosas más sencillas, habla de armonía, de un país amistoso, limpio, sin ejercito ni estrés.

Desde que la oí la expresión me generó curiosidad; me atraía pero, al mismo tiempo, algo me hacía ruido. Y llega Marisol, una hermosa mujer poeta, antropóloga, viajera, madre, bruja y emigrante. Ella me dio la pieza que me faltaba para entender esta forma de hablar: Pura Vida como anestesia, la ausencia de compromiso social y político, porque “en Costa Rica todo está bien”. 







Costa Rica no tuvo las guerras de Centro América, no tiene un movimiento social de reivindicación de Derechos, como en El Salvador, en Nicaragua, en Guatemala, países tan vecinos pero tan diferentes. Aquí ¿acaso no existen la pobreza y los males de América Latina? ¿Aquí se sonríe siempre como se haría frente a una cámara de foto o bajo las luces de un show?

En fin, creo que conocimos las dos caras de Costa Rica: de un lado, los amigos y amigas de San Ramón comprometidos con la sociedad, con la ecología, con la construcción de una economía humana; por el otro lado Puerto Viejo, una burbuja despreocupada y en fiesta permanente.
(Nico)

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GUAPILES

Si un día tuviera que hacer una lista de todas las personas que nos han ayudado en el camino, creo que Guapiles tendría un capítulo especial. Casi me llegó a incomodar: tuvimos un manager, una cocinera, un restaurante gratis con parqueo preferencial, trabajadores voluntarios para nuestra maquila de carteritas, compradores de camisetas, posada, lavandería con entrega a domicilio, en fin... los amigos y amigas de Guapiles nos han tratado como se haría con un familiar que regresa a casa tras una larga ausencia.
(Nico)
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Un gracias especial a Dita, mujer amorosa, te queremos como a una madre del camino! Un abrazo fuerte a Marisol, aquí otra mujer hermosa en nuestro camino y a su familia que nos brindaron mucho calor en su hogar!  Y un saludo para Natalie y Adrian, allá en su paraíso caribeño!


Cuerpo viajero

Cada noche al acostarme siento mi cuerpo que se recuesta siempre en un lugar diferente y pienso: tengo que escribir algo sobre esto, aquí les va.

Los cuerpos viajeros tienen un plus, sí, tienen el poder de adaptación. Todo cambia todo el tiempo, la casa está en movimiento, la casa es todo, la casa es, en este momento, Latinoamérica.

Colchón viejo, colchón con resortes rotos, colchón ortopédico, no colchón, hamaca, pila de colchonetas, mantas amontonadas y arriba las sábanas, rompecabezas de colchonetas que hacen el asiento de la banana, sillón, sofá cama, colchón nuevo, aislante con bolsa de dormir encima, colchoneta finita, colchón que se hunde en el medio....y así infinitos puntos de apoyos que varían incansablemente según dónde se duerma.

Mi espalda no está del todo bien; siento al despertar que necesito masajes, estiramientos y todo eso que haga aflojar un poco las contorsiones nocturnas.

¿Qué loco no? La capacidad de adaptación de los cuerpos viajeros que reposan en la noche para seguir camino.

No sólo es en la noche....no! Durante el día uno también se amolda al tronquito al lado de la carretera para comerse un mango jugoso, o hace equilibrio en una pared pequeña para esperar que pare de llover, o se hace chiquito y descansa en el cordón de la vereda para después sentarse con las piernas abiertas en la arena calentita de una playa caribeña o se aferra con los dedos de los pies en una piedra junto a un río para lavarse los dientes sin caerse y que se lo lleve la corriente.

También se adaptan a las comidas típicas, a las frutas según la tierra y sus cosechas, a lo que hay, a lo que no hay, a desayunar pan con mermelada y a almorzar también pan con mermelada.
Al frío y al rato a la humedad calurosa y pegajosa, al viento y a las lluvias que nos persiguen.



(Ana)

lunes, 5 de diciembre de 2011

Nicaragua Nicaraguita, la flor más linda de mi querer...

Qué hermosa tierra! Qué linda gente, cuanta abundancia tiene el universo. Nuestro primer destino fue la ciudad de León, hermosa, rodeada de volcanes. Llegamos sin saber a dónde íbamos a parar y que nos iba a suceder. 

Bajamos de la Banana y lo primero que tomamos fue un cafecito en el parque central mientras contemplábamos la caída del sol, el ritmo de la ciudad y como telón de fondo una imponente catedral. Entre sorbo y sorbo se dio la conversa con unos señores que allí se reunían siempre a esa misma hora.

Todos ellos tenían en común un combate en la montaña en defensa de la revolución Sandinista, se denominaban los "Héroes de Veracruz". Hoy en día, todos ellos llevan adelante el "Museo de la Revolución" que se encuentra justo ahí, frente a ese mismo parque.

Y así como todo rola, como todo se acomoda y como la magia existe, terminamos durmiendo en el museo por cinco días. Eso si estuvo bueno!!!


Durante esos días nos alimentamos de: historias de guerra, utopías, solidaridad, fraternidad, compromiso social, política y otras yerbas, nos quedamos llenos de emoción.

Muchas gracias a todos los Héroes de Veracruz por abrir sus puertas y su corazón, León, Nicaragua.

(Ana)

EN EL HOSPITAL 

Mientras dormía, bajo la foto del Che Guevara, empezó a picarme. Ya conozco ese picor y ya a los primeros síntomas la reconozco: infección en las vías urinarias. En El Salvador he aprendido a auto medicarme. Dejé de ir al médico, cuando uno seudo-doctor primero intentó internarme en su clínica privada, después me recetó ocho (repito: ocho) medicamentos diferentes y se encabronó terriblemente porque me negué a comprarlos en su farmacia privada. No podía aceptar que las medicinas fueran tan caras y descaradamente lucrativas para los médicos y farmacéuticas.

Pero llego a Nicaragua y, otra vez, empieza a picarme. Decido ir a un hospital público, justo a dos cuadras del museo: me meto no tanto por necesidad sino por curiosidad. Al entrar miré la gran imagen del presidente Ortega sonriendo y tuve la clara sensación de que me iría a arrepentir.

- Pase a medicina, me dice una recepcionista después de llenar una ficha con mis datos.
Golpeo la puerta correspondiente, abro la puerta un tantito (lo suficiente para ver que el cuarto estaba amontonado de gente) cuando una mano agarra mi ficha y me grita: - Nosotros le llamamos!
Me siento en un gran salón de espera junto a decenas y decenas de personas: ¿cuánto tendré que esperar?

Pero no es para tanto: media hora después una enfermera destroza mi nombre en voz alta: es mi turno! Entro en el cuarto que aún está saturado de médicos y pacientes. Una mujer está grabe y su hija llora en voz alta.

“Me llamo Jaqueline y soy estudiante de medicina”. Dice la doctora, linda y sonriente; empieza a revisarme en una silla, casi no me puedo mover por la cantidad de gente y no puedo parar de mirar la señora que está grave. Pero Jaqueline me escucha y me dice que son necesarios unos análisis de sangre y de orina. Voy al laboratorio en la segunda planta donde otro practicante, lento pero muy delicado, me pincha y me da un tarro (estilo tarro de marmelada o de aceitunas) para la pipi. Una hora después los resultados de los análisis estaban listos, los llevo a Jaqueline, que me receta un antibiótico y unas pastillas para la fiebre “por si te da”. Después me dan las medicinas... GRATIS y me despiden.

Conclusión: hospital público totalmente gratuito y atención de calidad (con excepción de los tarritos de aceitunas!). Posteriormente me entero que también la educación en Nicaragua es gratuita, que el agua del chorro es potable y buena, que la gente sale por la noche porque León es segura, que el municipio organiza un carnaval de mitos populares y que tenemos el permiso de actuar el la plaza pública sin problemas. 

Así me recuerdo de aquella canción “Pero ahora que ya sos libre Nicaraguita yo te quiero mucho más”.
(Nico)

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DONDE LOS PÁJAROS ESTÁN LIBRES

Decíamos que en Nicaragua iba a ser difícil trabajar con el teatro. Como siempre, todo lo contrario: llegamos a Montibelli, a unos 20 km de Managua, que fue una finca de café y hoy es una reserva silvestre privada, habitada por el bosque y los animales. Desde las sillas mecedoras se pueden observar pájaros de todos los colores que vienen a tomar agua en unos floreros de cerámica; un árbol centenario extiende sus ramas por más de 30 metros, como una enorme mano que atrapa la luz. No podíamos creer a nuestros ojos cuando nos dieron unos hermosos cuartos con toallas y sabanas limpias, unas enormes ventanas con vista al bosque y nos dicen que la cena está lista. Ana me mira y empezamos a gritar de alegría sin darnos cuenta que se nos oía en toda la reserva!!


Que placer, que dicha!!! Nos dan hospedaje en este lugar a cambio de unas funciones en el pueblo y para los niños y niñas de una escuela cercana. También actuamos en la escuela más fresa de Managua, donde los chicos enseñan la tarjeta de crédito y hablan ingles entre ellos. 
La familia Montibelli nos mima un montón con su cariño y atención, el lugar es hermoso, las comidas listas sin mover un dedo, el silencio, la luz que filtra entre las ramas, hicimos caminatas en el bosque junto a Juan, que nos enseña los pájaros y los monos aulladores. 

La función en Montibelli

También participamos en un cocktel de la red de Reservas Silvestres Privadas en Managua donde, con dos copas de vino en el lomo, nos aventamos a hacer relaciones públicas logrando – atención, atención – dos funciones más y una propuesta de hospitalidad en Panamá. Gracias a nuestra “manager” Claudia y a todo el equipo de Montibelli: con ustedes nos sentimos en familia!

(Nico)

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Algunas fotos de la función que tuvimos en la Curie School de Managua:











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EL OSTIONAL


En Nicaragua estuvimos pocos días pero bien aprovechados: después de Montibelli llegamos al Ostional, una minúscula comunidad en la costa pacifica sur, ya casi llegando a Costa Rica. Allí también funcionamos para los niños y niñas de la comunidad y se rieron tanto, pero tanto que casi no podíamos continuar... que placer!! Gracias a Salvador, Carolina y Diego, la familia que nos hospedó con amor y buenas historias.