sábado, 18 de febrero de 2012

Banda Viajera

¿Puede una calle albergar tantos carros viajeros? Preguntale a la calle Espíritu Santo del barrio Getsemaní de la ciudad de Cartagena. 

Un Falcon con placa argentina y una inscripción en su luneta que decía “Venimos paseando” fue el primero en ocupar la pintoresca calle de banderines coloridos, los segundos en instalar su motorhome fueron Yayo, Sofi con su bebé a bordo de su pancita de cuatro meses y su proyecto “Miradas” que nos encegueció de amor, luego llegó la Banana Loca con su nariz payasa sonriendo a grupos de viajeros varios...como Manu y Santi que desembarcaron de un velero y pusieron la “Pizzería Latinoamerica” de calzones rellenos, Mati, Adri y Nico que con sus guitarras inventaban acordes en la vereda entre cantos de vendedores ambulantes de aguacate y papaya, Lali y Diegui con sus bicis voladoras y su magia rodante, Juan y Mauro mochileando expandiendo arte en las paredes, Toki y Lumi que nos hicieron estallar de risa con sus improvisaciones, Vivi, Pau y Trini que coloreaban con sus clowns, bailes y malabares las calles y “Ciudad móvil”, un espacio cultural que nos abrió las puertas durante nuestra estadía cartagenera.


Los días que vivimos todos juntos fueron intensos, con una energía hermosa que tenía que ver con el fluir con el otro, en el otro y sumergirse  así en propuestas de intercambio.


Compartimos mates, bailes, canciones, proyectos, sueños, pizzas, almuerzos de ensaladas y atardeceres en el mar. Nos fuimos acompañando en cada trabajo, salía la luna y los chicos de Miradas sacaban el telescopio y el grupo cantaba canciones de luna para ayudar a convocar, la Cooperativa Banana actuó en el teatro y el grupo asistió incondicionalmente, los chicos de la pizza nos alimentaron varias noches y así colaboramos con su cruce a Panamá...vorágine que hizo que los días transcurrieran veloces y nuestros corazones se agrandaran un poquito más.

Estos encuentros son los regalos que trae el camino, sea cual sea el recorrido, de la casa a la iglesia, de México a Argentina o de la cama al living. Bastará con despertar la mirada para ver cielos de frente.
(Foto de Serena Ganeo - colectivo Ciudad Mobil)








En Cartagena realizamos dos funciones de ¿Qué onda con la Mamá? y un taller de clown gracias a la incondicional disponibilidad de Rogelio, del teatro independiente Reculá del Ovejo.






Además pudimos realizar el estreno de nuestro varieté surealista y delirante: ¡Qué vergón! que fue un éxito tal que ni siquiera los artistas se aguantaron las ganas de reirse!








Caravana Banana Miradas.
Se encendieron los motores y dejamos atrás la calle de banderines rumbo a Palenque. La caravana la  encabezaba la motorhome de Yayo, Sofi y su pancita y la seguía la Banana con Trini y Diego como invitados de lujo.

Palenque fue el primer pueblo negro libre de América; al llegar vibramos una identidad cultural muy fuerte que hace que hoy en día conserven sus tradiciones, peinados, lengua propia, su música y danzas, tambores y una energía que nos cautivó, nos recibieron con una sonrisa y un “Hola, buen día... ¿Qué necesitan?”.

Ahí pasamos un día y una noche, con ese pueblo y sus alegres habitantes. Cuando el sol cayó y el calor intenso pasó convocamos a todos a que se acercaran a la plaza principal.


Entonces cada cual con lo suyo “funcionó”, Trini y Diego improvisaron números de clown y malabares, con los Bananos hicimos parte de la obra y los mirones sacaron el telescopio para ver la luna que llenita se asomaba. 






Cerrando la noche, un grupo de músicos belgas nos hizo mover el esqueleto con sus vientos balcánicos y cumbias colombianas y un grupo de niños nos enseñaron sus canciones preferidas con coreografías incluídas. Cenamos en el medio de la calle de tierra con la Banana mirona espiándonos de costado.

Al día siguiente, partimos rumbo a Barranquilla, a la previa  del carnaval. Nos estacionamos frente a la casa de Rochi, una amiga de hace varios años que siempre nos abre las puertas de su casa y de su familia.  
Fueron tres días a puro ritmo; ante la necesidad de trabajar desplegamos toda nuestra creatividad y capacidad de improvisación, dejando un poco de lado nuestros proyectos para adaptarnos a los días del pre-carnaval.   

Así fue que nos sumergimos en el viernes de "guacherna", un descontrol organizado en un desfile nocturno. Las comparsas, el alcohol y la fiesta fueron las reinas de la noche. Nos estacionamos y sacamos toda la carne al asador; maquillamos a los que volvían de desfilar ya borrachos preparados para seguir de rumba, vendimos globos con formas para los enamorados, sacamos el telescopio para ver Venus y entre nube y nube espiar la luna por mil pesitos, fotos con "carropayaso" a colaboración, retratos y caricaturas de la mano de Yayo y delirios varios que surgían a cada minuto.


El sábado nos sorprendimos con un desfile gay a todo trapo en donde volvimos a atacar con toda nuestra artillería, pero lo que más resultó, inesperadamente, fue el alquiler de banquitos (propios de la Banana) para los que estaban atrás y no alcanzaban a ver. Increíble pero real, jajaja.




Y el domingo, el carnaval de los niños, cuántos colores, que despliegue, miles de niños disfrazados bailaban al ritmo de su propia comparsa! Entonces el maquillaje funcionó perfecto completando así sus producciones caranavalescas.




No ahorramos mucho dinero pero la comida fue siempre abundante, compartimos desayunos continentales, variados almuerzos y mucha armonía en el trabajo en equipo. Nos despedimos de Miradas con lágrimas en los ojos, soñando un reencuentro en algún rincón de este inmenso planeta.  


(Ana, La Negra y Trini)



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